domingo 2 de octubre de 2011

As Sasdónigas

Dice el conductor del autobús Vilalba-Viveiro que las chicas de ahora ya no beben agua, porque esta que se baja en la parada de As Sasdónigas - una parroquia de cien habitantes del Ayuntamiento de Mondoñedo- no conoce la fuente, parece que famosa en estos lugares, en la que después de beber ya no se vuelve a tener sed. Yo, que lo escucho sin disimulo desde el cuarto asiento de la fila de la derecha, vuelvo la cabeza hacia la ventanilla y miro cómo la chica abandona el autobús con una pequeña mochila en la espalda y baja por el camino de tierra que une su casa con la carretera general. Tal vez sea una estudiante, aunque pocos universitarios viajan en esta ruta de los sábados por la mañana, lenta y tediosa como debe de ser también la vida en As Sasdónigas, una aldea de viviendas amontonadas con tejados de pizarra y establos en la planta baja. Por una puerta salen los hombres, por la otra, las vacas.
Pues sí, las chicas de ahora ya no beben agua, beben solo porquerías, le explica el chófer a un pasajero que se ha subido en Gontán y que a la fuerza tiene que ser un usuario asiduo de este autobús, al menos en días de mercado como hoy, porque el conductor acaba de prometerle que lo buscará en As San Lucas para tomarse unos cafés. El señor va con boina y, aunque parezca caricaturesco, lleva un palillo en la boca. Hoy no ha ocurrido, pero los feirantes se suben al autobús con sus varas y su aliento de vino y una, que además es un poco voyeur, no puede hacer otra cosa que quitarse los cascos para escucharles. Hace años que lo hago, es una reacción casi mecánica la de apagar la radio cuando el coche atraviesa el mercado de Gontán y se suben los viejos que han venido a vender ganado o solo a verlo, y alguna señora muy digna y muy educada - las señoras son siempre muy educadas. Lo de ir a Gontán para ver el ganado sin la más remota intención de comprarlo es algo que cada vez se hace más, un placer irrenunciable para los ancianos que de jóvenes fueron parte de este mundo y ahora, fuera de él, son incapaces de olvidar el jugueteo de los tratantes. Este que nos acompaña hoy da pocos detalles de su día en la feria: de negocios y de mujeres un caballero nunca debe hablar, pienso yo por él, maravillada con el repertorio de frases hechas y vaciles incomprensibles de los que echa mano para que nadie sepa qué tal le ha ido.
Las chicas de ahora no beben agua, al menos las pocas que quedan en As Sasdónigas, que la toman una vez y ya no la necesitan más. Disculpen que cite a los feirantes, pero hace tiempo uno de ellos, en esta misma ruta que tanto me gusta, proclamó que las mujeres de As Sasdónigas son las más guapas de la zona, mucho más que las de Mondoñedo, porque ni la fama, ni los buenos restaurantes, ni tampoco las modistas que trabajan por encargo explican la belleza de estas jóvenes crecidas en lo alto de la montaña, con el carácter rabioso que imprimen el destierro y las nevadas.